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CORRIENTE CONDUCTISTA: CAMBIAR UNA CONDUCTA
INADECUADA A TRAVÉS DEL AMBIENTE EN QUE SE ENCUENTRA EL NIÑO.
Para
modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia,
se emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología
conductista. La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es
una forma aprendida de responder a determinadas circunstancias. Cuando lo que
obtenemos al responder de determinada manera es bueno, agradable o sirve a
nuestros propósitos, esa respuesta se instaura en nosotros, es decir, la
aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias similares respondemos
igual. Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo esperado,
desechamos la respuesta como “no válida” y dejamos de emplearla. Esto supone
que tu actitud es fundamental a la hora de manejar la de tu hijo, ya que es la
que le proporciona la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a
sus propósitos o, por el contrario, debe sustituirlas por otras. Los padres
pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas inapropiadas. Un ejemplo muy
claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un principio, para contener
una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy
lógica): “enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero”.
Resultado: cada vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas.
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